Page 318 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Néstor se tomaba aquellas historias con bastante
escepticismo, aunque tenía que reconocer que si
alguien le hubiese contado lo que acababa de
presenciar bajo el gran roble del lago, él mismo no lo
habría creído.
—¿Qué has visto tú, médico? —le preguntó uno de
los équites, un joven que llevaba las mejillas afeitadas
como Gayo Julio y chapurreaba el griego—. Tienes que
haber viajado mucho, ¿no?
Néstor calculó las decenas de miles de estadios que
había recorrido acompañando a Alejandro, desde el
Indo y el Punjab a las inhóspitas estepas de la
Sogdiana, las orillas del mar Hircanio, las arenas de
Arabia, las montañas al norte del Istro, buena parte de
Grecia y Macedonia, Egipto, Sicilia, ahora Italia. Todo
eso en seis años. ¿Qué otros países había visitado antes
y no recordaba?
—Sí, he viajado un poco.
—¿Es verdad que en Babilonia todas las mujeres
tienen que prostituirse al menos una vez en su vida?
Cuando les tradujeron la pregunta, los demás
legionarios se acercaron aún más al fuego con miradas
de interés. Néstor sonrió.
—Es la primera pregunta que me suele hacer todo
el mundo. Los jóvenes siempre estáis pensando en lo
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