Page 319 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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mismo.


                  Los  soldados  se  rieron,  y  el  centurión  le  pasó  un

            odre de vino. Gayo Julio estaba sentado un poco aparte


            de  los  demás,  en  su  silla  plegable  y  no  en  el  suelo,

            manteniendo  un  equilibrio  entre  la  camaradería  y  la


            distancia que en él resultaba tan natural como todo lo

            que hacía.


                  Néstor respondió que no era cierto, pero a cambio

            les  habló  de  la  prostitución  sagrada  en  el  templo  de


            Ishtar, adornando algunos detalles para deleite de su

            auditorio.  Mientras  lo  hacía  pensó  que  aquellos

            romanos no eran tan distintos de los macedonios con


            los  que  llevaba  años  compartiendo  fuegos  de

            campamento. Tenían los mismos intereses: los buenos


            relatos, las mujeres, un trago de vino al caer la noche

            para olvidar las miserias del día.


                  Siguieron hablando un buen rato. Néstor era cada


            vez  más  quien  llevaba  la  voz  cantante.  Aunque  sus

            recuerdos  fueran  tan  breves,  había  visto  sitios

            maravillosos  y  había  sido  testigo  de  costumbres  y


            rituales  tan  llamativos  como  los  extravagantes

            funerales de los jinetes escitas, los sangrientos rituales

            de Cibeles en Frigia o la celebración del Año Nuevo en


            Babilonia.


                  Poco a poco los soldados más jóvenes, vencidos por

            el sueño, se fueron quedando dormidos junto al fuego.


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