Page 321 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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matando él solo. Pronto se dio cuenta de que así no iba
a conseguir nada, pues Alejandro se comportaba como
si creyese que nunca iba a morir, y por otra parte
cuando se acordaba de Hefestión caía en un estado de
negra tristeza y se lamentaba que la vida ya no tenía
sentido para él.
De modo que Néstor había decidido recurrir a otros
argumentos. Le habló al apuesto y vanidoso Alejandro
de la inexorable decadencia física que, de seguir así, iba
a sufrir como mucho en el plazo de tres o cuatro años:
tobillos hinchados por la hidropesía, párpados
hinchados, venillas rotas en la nariz, bolsas colgando
bajo los ojos, piel áspera y cuarteada, un aliento
apestoso en lugar del fresco aroma que todo el mundo
alababa. Al decirle todo eso Néstor, sin darse cuenta, le
estaba hablando a Alejandro de su propio padre. Al
recordar la imagen de Filipo tal como era cuando lo
asesinaron, un hombre abotargado, afeado y
envejecido a sus cuarenta y seis años, estrelló contra la
pared la copa de cristal de Sidón y juró que no volvería
a probar el vino.
Era una decisión difícil. Néstor sabía que a
cualquier borracho le cuesta dejar de beber. Pero al
estudiar el comportamiento de Alejandro y conocerlo
un poco más, comprendió que para él el vino suponía
algo más. Su mente era demasiado rápida, demasiado
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