Page 324 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 324

cetros,  collares  y  pectorales  de  todos  los  tamaños,

            tronos  forrados  de  metales  preciosos,  cofres  de


            maderas  exóticas  rellenos  de  dáricos,  de  perlas,  de

            gemas, y también de discos y barrotes de oro y electro

            de  la  época  en  que  los  babilonios  aún  no  usaban


            moneda acuñada. La pieza más valiosa era un dragón

            de oro macizo que pesaba al menos mil talentos.


                  Néstor estaba convencido de que en realidad sólo


            era  de  oro  la  capa  exterior  del  dragón,  pero  le

            complació observar la cara de asombro y un punto de

            codicia de Gayo Julio. El centurión ya tenía la barbilla


            caída sobre el pecho y había empezado a roncar, así que

            Néstor  siguió  contando  lo  que  había  visto  en  los

            subterráneos  del  Esagila  sólo  para  los  oídos  del


            tribuno.  Aparte  de  miles  de  tablillas,  por  alguna

            extraña  razón  los  sacerdotes  babilonios  habían


            recopilado a lo largo de los siglos todo tipo de artículos

            sin ningún valor material, algunos de los cuales eran

            escalofriantes,  como  una  colección  de  momias  de


            criaturas  deformes,  a  medias  humanos  y  a  medias

            animales.


                  Pero el objeto que más les llamó la atención a ambos,


            el  único  que  Alejandro  se  llevó  de  los  sótanos,  se

            guardaba en una estancia aparte, tras una  puerta de

            madera  desvencijada.  Cuando  Néstor  quiso  abrirla,


            Belumasar, el jefe de los sacerdotes, se interpuso en su



                                                              324
   319   320   321   322   323   324   325   326   327   328   329