Page 325 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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camino.  Pero  bastó  con  que  Alejandro  le  mirara  sin

            decir nada para que se quitara de en medio.


                  —Eso es tener imperio —asintió Gayo Julio—. Por


            Belona que me gustaría conocer a ese hombre. ¿Qué

            había allí dentro? —Una simple hoz.


                  —¿Qué tenía de especial?


                  —El mango era negro, de una madera tan dura y


            vieja  que  parecía  piedra,  pero  la  hoja  brillaba  como

            azogue.  Cuando  acerqué  la  mano  para  tocarla  sentí

            cómo  el  vello  se  me  erizaba  —dijo  Néstor,


            acariciándose el dorso de la mano—. Entonces me di

            cuenta de que me estaba adelantando a Alejandro y me


            aparté.


                  Cuando el rey empuñó la hoz y la levantó en el aire,

            se  le  escapó  un  chillido  que  se  convirtió  en  una


            carcajada casi histérica, algo muy raro en una persona

            que  se  controlaba  tanto  como  él.  Dejó  la  hoz  sobre

            aquel mostrador y le dijo a Néstor:


                  —Cógela tú.


                  Él lo hizo con cierta desconfianza. Al cerrar la mano


            alrededor  del  mango  notó  una  sensación  extraña  y

            molesta, pero aún así apretó los dedos. Al levantar la


            hoz y mirarla más de cerca, vio que su mano estaba

            rodeando la empuñadura, pero no llegaba a entrar en

            contacto con ella, como si la rodeara un aura invisible,




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