Page 326 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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fría y resbaladiza como el hielo. Néstor se apresuró a

            soltar la hoz y le preguntó a Belumasar:


                  —¿Qué es esto?



                  El sacerdote les había contado una historia que llenó

            de desasosiego a Néstor. Aún era un recién nacido en

            su  nueva  vida  y  no  se  había  acostumbrado  a  la


            sensación  de  desconcertante  familiaridad  que

            provocaban en él muchas de las cosas que escuchaba o

            veía. Aquel relato de Belumasar había despertado en


            su cabeza un eco mental, aún más inquietante porque,

            a  diferencia  de  lo  que  ocurría  con  el  eco  físico,  las

            palabras parecían repetirse en sus oídos antes de que el


            sacerdote  las  pronunciara.  Con  el  tiempo  se

            acostumbraría a esa sensación de paramnesia de la que


            ahora no dijo nada a Gayo Julio.


                  —No es una historia demasiado larga —dijo ahora

            Néstor,  al  ver  que  el  tribuno  ahogaba  un  bostezo—.


            ¿Quieres escucharla?


                  Gayo  Julio  volvió  la  mirada  hacia  el  este.  Allí  el

            negro  del  cielo  empezaba  a  teñirse  de  un  turquesa

            profundo, anticipando el amanecer.


                  —Cuéntala, Néstor. Cuando termines, avisaré a los


            centinelas  para  que  despierten  a  todo  el  mundo  y

            levantaremos  el  campamento.  Quiero  llegar  a  Roma


            hoy mismo.




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