Page 327 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Según Belumasar, se trataba de una historia que le
había llegado del Norte, de las tierras que se asomaban
al Ponto Euxino. Los dioses de los que hablaba aquel
mito tenían nombres extraños, pero el sacerdote caldeo
les había traducido casi todos al lenguaje de Babilonia.
—Érase un dios malvado que en el pasado se había
sublevado contra An, el dios del cielo, pero que a su
vez había sido derrotado por Marduk —repitió ahora
Néstor—. Ese dios no se resignaba a la pérdida del
poder y, lleno de un venenoso rencor, quería
recuperarlo como fuese, aunque eso supusiera la
destrucción del mundo. Se acostó, pues, con una mujer‐
montaña y hasta quince veces penetró su semilla en
ella. Cuando la montaña dio a luz, el dios malvado
tomó en sus brazos al niño de piedra y le cantó una
nana, pero el bebé era sordo y ciego. Su padre lo
depositó sobre los hombros del dios del sueño, que
carga con todo el peso del mundo sin llegar a despertar
de su letargo. El niño de piedra, al que su padre llamó
Ulikumi, no tenía otra virtud que la de crecer, pero
empezó a hacerlo con empeño, y creció y creció hasta
convertirse en una altísima columna de basalto del
color de la obsidiana que ascendió sobre el aire que
recorren los pájaros, llegó al aire que recorren las
águilas y traspasó las nubes y el arco iris, hasta que su
cabeza empezó a embestir como un ariete los cimientos
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