Page 328 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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del palacio de los dioses y de Shamu, la bóveda del
cielo.
»El ataque de Ulikumi amenazaba con romper la
separación de bronce entre el cielo y la tierra. Si eso
ocurría, ¿quién podría evitar que todo retornase al caos
inicial, cuando aguas dulces y saladas se mezclaban y
cielo y tierra eran una sola amalgama? El gigante de
basalto llegaba ya a las nueve mil leguas de altura, y su
cabeza negra como un yunque tapaba la luz del sol. El
gran Marduk atacó al monstruo con sus armas divinas
desde su carro alado, pero no consiguió arrancarle más
que unas esquirlas de roca negra. Recurrió entonces a
su hermana Ishtar, la Afrodita babilonia, y ésta dejó sus
vestidos en tierra y, al son del pandero y el arpa, bailó
desnuda ante el gigante; pero él tenía el corazón y los
ojos de piedra y no le prestó atención.
»Desesperados porque los suelos de su vasta
mansión se abrían, vientos demoníacos se colaban por
todas las rendijas y las columnas que sustentaban sus
techos se estremecían y se venían abajo, los dioses
decidieron recurrir a Ea, el anciano y sabio dios de las
aguas que vivía retirado lejos del cielo. Ea consultó las
Tablillas del Destino para buscar consejo.
—Así que los babilonios tienen sus propios Libros
Sibilinos... —comentó Gayo, que seguía el relato muy
atento—. Sigue, por favor.
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