Page 331 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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LOS AGRIOPAIDES
Demetrio y Euctemón pasaron dos días más
encerrados en la tienda, sin recibir noticias de
Alejandro. Al menos se enteraban de algunas
novedades del exterior gracias a Adimo, el mismo
guardia que había dejado caer comentarios salaces
sobre Roxana, la esposa del rey. Demetrio debía de
haberle caído bien, porque Adimo se dedicaba a
contarle las últimas novedades y chismorreos del
campamento, lo que en la jerga de la soldadesca se
conocía como «el tío del escudo». Ese tío del escudo
debía de ser tan locuaz como Ulises y tan mentiroso
como Epiménides el cretense, pues por la mañana
corría un rumor:
—El tío del escudo dice que de aquí a cinco días nos
vuelven a llevar a Metaponto y nos vamos de vuelta a
Grecia, que no queda un solo óbolo en la pagaduría.
Y por la tarde el siguiente:
—El tío del escudo dice que Alejandro acaba de
firmar una alianza con los romanos y que antes de diez
días nos van a embarcar directos a Libia para atacar a
los cartagineses junto a las legiones romanas.
Las preocupaciones sexuales no faltaban en el
repertorio del tío del escudo. Un día cundió el pánico
entre los soldados cuando se dijo que Alejandro, presa
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