Page 333 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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compañías enteras de macedonios, pero los romanos
los habían sorprendido, se habían enfrentado con ellos
en una pequeña batalla campal y los habían aniquilado.
En cuanto a la nave, se había incendiado y de ella sólo
habían logrado escapar veinte tripulantes en un
lanchón.
—Al parecer, cuando los romanos ya se habían ido,
los marineros bajaron a tierra en busca de
supervivientes —continuó Adimo—. Sólo encontraron
a tres arqueros cretenses que se habían salvado de la
masacre, así que los recogieron y vinieron a Posidonia.
—¿Y cuándo llegaron? —preguntó Demetrio.
—Ayer por la noche. ¿Y sabes lo más gordo? En ese
barco gigante viajaba una esposa de Alejandro.
Demetrio seguía sin estar muy convencido de la
historia, aunque si había alguien capaz de construir
una nave capaz de embarcar a tantos hombres como
diez trirremes juntas, ése sin duda era Alejandro.
Había otros rumores que le preocupaban más. Ese
día no se atrevió a preguntar por ellos, pero al siguiente
tanteó con discreción a Adimo sobre comentarios
relacionados con Ícaro y su tránsito sobre la Luna. Sí,
los soldados se habían fijado, contestó él; no estaban
ciegos.
—¿Qué presagios han sacado de ello? —preguntó
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