Page 336 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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juntillas en los cálculos de su hermano, conforme el sol
se elevaba en el cielo, caldeaba el aire y borraba la
silueta de Ícaro, sus tétricas predicciones parecían
disolverse como las brumas de un mal sueño.
El cometa sólo se veía si uno sabía dónde buscarlo.
Por supuesto, Euctemón lo sabía y se lo señaló con el
dedo. En aquel momento se encontraba sobre el mar;
un trazo blanquecino, como los restos de una nube
muy alargada.
—El cometa Ícaro está ahora entre Casiopea y
Lacerta y subiendo hacia Cefeo.
—¿Puedes verlas? —dijo Lisanias, volviéndose.
—Las constelaciones están donde tienen que estar
aunque no se vean —contestó Euctemón.
—No vuelvas a hablar de ese tema —susurró
Demetrio sin separar los clientes.
El caso era que a su propio hermano no se le veía
demasiado preocupado por la caída de Ícaro. Tras
resolver sus cálculos orbitales parecía haberse aburrido
momentáneamente de la astronomía, y durante esos
dos días se había dedicado tan sólo a dibujar mapas y
perfiles de montañas, todo ello plagado de curvas,
rectas y triángulos. Ahora, mientras seguían a Lisanias,
en vez de caminar como si buscara un óbolo en el suelo,
Euctemón se dedicaba a mirar a la izquierda, donde se
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