Page 335 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 335

—les dijo en tono frío. Demetrio habría querido decirle

            que sus celos eran infundados, pero no se atrevió. Para


            él, Lisanias estaba tan sólo un peldaño por debajo de la

            cumbre del Olimpo en el que reinaba Alejandro.


                  Por no cargar con las armaduras, se las pusieron.


            Primero las corazas de quince capas de lino encoladas

            entre sí y reforzadas con fajas de escamas metálicas, y

            después  el  faldar  de  tiras  de  cuero.  Se  ataron  las


            ificrátidas, unas botas de piel que llegaban casi hasta

            las rodillas, y se colocaron el yelmo hacia atrás al modo

            de Pericles. Después se colgaron a la espalda el escudo,


            se ciñeron el tahalí con la espada, se echaron al hombro

            el petate con el resto de la impedimenta y todavía, al

            salir de la tienda, tuvieron que hacer equilibrios para


            recoger sus lanzas de fresno de cinco codos sin que se

            les cayera nada. En total llevaban encima cerca de un


            talento y medio, que en el caso de Demetrio suponía

            casi  las  dos  terceras  partes  de  su  propio  peso,  y

            cargados de esta guisa marcharon detrás de Lisanias.



                  A  la  luz  del  día  todo  parecía  muy  distinto.

            Demetrio,  que  con  veintiún  años  no  podía  tomarse

            muy  en  serio  su  propia  muerte,  se  sentía  optimista.


            Todo  lo  que  había  oído  y  visto  en  el  terrado  de  la

            mansión de  Alejandro se le antojaba irreal, y cuanto

            más pensaba en ello más lo recordaba a través de una


            neblina vaporosa. Si por la noche había creído a pies



                                                              335
   330   331   332   333   334   335   336   337   338   339   340