Page 334 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Demetrio, mirando de reojo a Euctemón. Su hermano
estaba enfrascado en nuevos diagramas y no parecía
prestar atención a lo que hablaban. Mejor. Demetrio le
había aleccionado a conciencia para que mantuviera la
boca cerrada.
Los presagios típicos, le contestó Adimo. La Luna
era Roma y los macedonios el cometa, así que se iban a
fornicar a los romanos como el cometa se había
fornicado a la Luna. O al revés, claro, porque los
simbolismos no estaban tan claros. Pero en general
había cundido más el optimismo que el pesimismo:
había mucha gente que al cometa no lo llamaba Ícaro
sino Alejandro, porque había aparecido en Babilonia
cuando su rey se salvó del envenenamiento. El hecho
de que el cometa hubiera aumentado de tamaño y
hubiese pasado por delante de la Luna no les hacía
interpretar futuras catástrofes; más bien pensaban que
si la estrella de Alejandro crecía día a día era señal de
que nada podía oponerse a su poder.
Demetrio respiró tranquilo. Mejor que no cundieran
rumores sobre el fin del mundo. Así nadie podría
pensar que los habían propalado ellos.
A media tarde del segundo día, vino a verlos el
propio Lisanias, que traía en la mano un papiro
enrollado y lacrado con el sello de Alejandro.
—Os han destinado a otra unidad. Acompañadme
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