Page 339 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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partes metálicas, y luego volvían a enfundarlas con el

            mimo de una madre tapando a su bebé en la cuna.


                  Pero la mayoría de los soldados, en vez de jugar a


            los dados, como era lo habitual cuando no se estaba de

            instrucción o de caminata, se dedicaban a tallar palos


            de dos o tres palmos de longitud que embutían luego

            en mangos forrados de gamuza para fabricar espadas

            de madera. Demetrio le preguntó a Lisanias la razón.


                  —Se  va  a  celebrar  un  certamen  de  esgrima.  El


            premio será una armadura que vale cuatro talentos y

            que entregará el propio Alejandro.


                  Demetrio  silbó  entre  dientes.  ¡Cuatro  talentos!


            Aunque  él  no  fuera  Euctemón,  resultaba  sencillo

            calcular  aquella  suma:  veinticuatro  mil  dracmas,  su

            paga  de  veinte  años  con  el  contrato  actual.  Cuando


            tenían  la  factoría  del  Pireo  su  padre  solía  hablar  en

            minas y en talentos más que en dracmas, pero ahora


            que ambos hermanos estaban arruinados, una cifra así

            resultaba tan remota e inalcanzable como la fabulosa

            Isla de los Sueños.


                  —¿Ese certamen de esgrima es para todo el ejército?


                  —Así es.



                  Todo el ejército, se repitió Demetrio. Ahí había una

            posibilidad  de  ganar  dinero  suficiente  para  volver  a

            Atenas  y  contratar  a  un  buen  logógrafo  que  les




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