Page 36 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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que aún era peor:


                  —¿Quién  te  crees  que  eres,  barbilindo?  ¿Es  que

            cagas  oro  y  los  demás  no  nos  hemos  enterado?


            ¡Alejandro fue paje veinte años antes que tú y nunca

            abrió el pico!


                  Pero  Lisanias  no  se  había  quejado  entonces  ni  se


            quejaba ahora. Sus tareas le permitían estar cerca del

            gran hombre, respirar el mismo aire que él respiraba,

            pisar  las  baldosas  que  pisaba  y  hasta  intercambiar


            algún saludo con él.


                  Hoy le habían asignado turno en el banquete que el

            rey  celebraba  con  sus  amigos  griegos  y  macedonios.


            Era  la  primera  vez  que  podía  observarlo  en  la

            intimidad.  Armado  con  una  lanza  de  cinco  codos  y

            medio y montando guardia junto con otros siete pajes,


            Lisanias estaba impaciente por beber las palabras de

            Alejandro.


                  —Recuerda  que  eres  un  mueble  más  —le  había


            advertido Espeusipo, el jefe de los pajes—. Mejor aún,

            una columna. Escucha y aprende, pero no se te ocurra

            comentar nada de lo que oigas allí dentro.


                  El banquete había empezado al caer la tarde y ya


            duraba horas. Lisanias se había aprendido de memoria

            la sala. Era sencilla, dentro de lo que se podía esperar


            en  un  palacio  edificado  por  Nabucodonosor,  el




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