Page 41 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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izquierda de Lisanias.


                  Lisanias  había  oído  hablar  de  él.  Eumenes  de

            Cardia, que también era griego, había trabajado desde


            muy joven como secretario y contable de Filipo, y tras

            su muerte había desempeñado idéntico puesto con su


            hijo.  Pero,  aunque  en  la  práctica  siguiera  siendo

            secretario  de  Alejandro,  éste,  agradecido  por  sus

            servicios, lo había ascendido a Compañero Real. Los


            que admiraban a Eumenes decían de él que guardaba

            un ábaco dentro de su cabeza, y los malévolos que en

            vez de leer poemas eróticos para excitar a sus amantes


            les recitaba las listas de intendencia del ejército. Desde

            luego, un hombre con ojos tan opacos y una boca que

            parecía  una  ranura  sin  labios  no  podía  ser  muy


            pasional. —Lo harán por ahorrarse dinero —contestó

            Meleagro,  mientras  empujaba  fuera  del  diván  a  la


            carnosa  nubia—.  Son  más  rácanos  aún  que  los

            cretenses.  ¡Sin  querer  ofender,  Nearco!  —No  ofende

            quien quiere, sino quien puede —respondió el navarca.



                  —El motivo no es ése —dijo Eumenes—. Si su pan

            es peor es porque la tierra cada vez tiene peor calidad.


                  —Bah, ésa es la misma cantinela de los campesinos

            en todas partes —repuso Meleagro. —Aquí se quejan


            con razón. Yo mismo he inspeccionado los labrantíos

            que rodean la ciudad.


                  Como  el  suelo  de  aquí  es  por  naturaleza  seco  y


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