Page 39 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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le había enseñado Leónidas, la sobriedad y el control

            eran las primeras virtudes de un general. Pero tal vez


            no  se  trataba  de  templanza  natural,  sino  de  alguna

            tristeza o preocupación momentáneas, pues Pérdicas

            apenas abría la boca y pasaba más tiempo mirando al


            suelo que a sus comensales.


                  Pérdicas  estaba  reclinado  a  la  izquierda  de

            Alejandro, pues aquella noche el puesto de honor le


            había correspondido a Nearco, navarca supremo de la

            flota.  El  cretense  llevaba  barba,  algo  raro  entre  los

            allegados del rey, que solían seguir la moda impuesta


            por  sus  mejillas  rasuradas.  Corría  el  dicho  de  que

            Alejandro  recomendaba  hacerlo  así  para  que  el

            enemigo  no  pudiera  asir  a  los  macedonios  de  las


            barbas;  pero  en  el  caso  de  Nearco  se  le  disculpaba

            porque no era macedonio, sino griego. Decían de él que


            andaba escribiendo un diario sobre la expedición de la

            India, y Lisanias estaba deseando que se publicara para

            conocer más sobre aquel remoto país.



                  Un poco más allá de Nearco estaba Meleagro, un

            macedonio  pequeño,  de  rostro  rubicundo,  cabello

            oscuro y una espalda tan velluda que los pelos se le


            escapaban por el cuello de la túnica. Resultaba difícil

            no  reparar  en  él,  porque  se  reía  con  carcajadas

            estentóreas,  no  hacía  más  que  levantar  la  copa  para


            reclamar  más  vino  y  daba  sonoras  nalgadas  a  las



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