Page 372 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—¿El hueso... del cráneo? —Gayo sintió que se le
encogía el estómago. Había visto más de una cabeza
abierta en el ejército, y pocas de ellas pertenecían a
gente que aún siguiera con vida—. ¿Eres capaz de
hacer eso?
—Es una operación delicada. Hasta ahora he
practicado diez trepanaciones. Cinco pacientes
murieron y otros cinco vivieron, o al menos seguían
vivos cuando me despedí de ellos. Tu hermana
supondrá el desempate.
El médico insistió en actuar cuanto antes. Le parecía
milagroso que la niña hubiera podido aguantar así
desde mayo, pero creía que en su estado de consunción
podía morir en cualquier momento. Lo primero que
hizo fue buscar un sitio adecuado para la operación.
Necesitaba una mesa sólida, lo bastante grande para
tender a la niña en ella y, sobre todo, bien alta para no
desriñonarse él. La única que encontraron con esas
características era la del tablino, el despacho donde
Gayo recibía a sus clientes y visitantes.
—Es una mesa muy cara —dijo Pandemo, que sabía
que en la casa no sobraba el dinero.
—Me da igual que haya que tirarla a un vertedero
después. Vamos.
Los esclavos de la casa la sacaron a duras penas,
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