Page 373 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 373
pues era de mármol y tenía unas pesadas patas de
bronce que representaban caballos rampantes. Néstor
hizo que la colocaran en un lado del atrio, donde el
compluvio dejaba entrar luz natural; además, así
estaba cerca de la cocina. Los fogones ya funcionaban a
plena llama, pues el médico quería agua hervida en
abundancia. En un caldero limpió sus instrumentos, en
otro más grande hizo que las criadas lavaran un
montón de gasas pese a que ya estaban limpias, y en
una tercera cacerola más pequeña metió una esponja.
—Vigila que ésta no hierva —le dijo a su sirviente.
Gayo pensó que la esponja debía de ser muy
importante cuando no quería confiársela a las esclavas
de la cocina. Por otra parte, era extraño el celo que
ponía Néstor en pasarlo todo por agua en ebullición y
en lavarse las manos y los antebrazos como si quisiera
arrancarse de la piel el miasma de un antiguo crimen.
—¿Por qué lo hierves todo? —preguntó —Los
instrumentos, nuestras manos y hasta el aire que
respiramos están plagados de espíritus invisibles. Esos
pequeños dáimones son malévolos, y están tan
hambrientos que en cuanto ven una herida abierta se
precipitan sobre ella para beber la sangre y devorar la
carne fresca. Pero tienen una debilidad: el agua
hirviendo los mata.
Cuando todo estuvo dispuesto, Néstor hizo que
373

