Page 42 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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salado, los campesinos lo irrigan en abundancia con las
aguas del Éufrates para disolver la sal. Pero al hacerlo,
la capa de agua subterránea sube y sube hasta que
termina aflorando, y cuando lo hace y se evapora al sol
vuelve a dejar toda la sal en el suelo. Los campesinos
insisten en irrigarlo aún más, y con eso sólo agravan el
problema. —¡Siempre tan ameno y divertido,
Eumenes! ¿Qué puñetas tiene que ver ese rollo con lo
que he dicho yo?
–Cualquiera que entienda algo de agricultura sabe
que la cebada resiste más que el trigo en suelos malos
—respondió Eumenes sin inmutarse. Su voz era como
un canalón goteando en una mañana de llovizna.
–Si es verdad que el granero de Babilonia empieza
a agotarse, tendremos que pensar en Egipto.
Sus tierras negras son más fértiles que éstas y aún
se puede sacar mucho más trigo de ellas. El general que
había hablado era Ptolomeo. Todo el mundo
comentaba que su madre había sido concubina del rey
Filipo y que era hermanastro bastardo de Alejandro,
aunque se hiciese llamar «hijo de Lago». Lo cierto era
que Alejandro y él no se parecían demasiado. Ptolomeo
era más alto, tenía el cabello más oscuro, los hombros
más recios y unos ojos sombreados por cejas pobladas
y salientes que ocultaban su mirada y buena parte de
sus pensamientos.
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