Page 399 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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»Pero el caballo tiene aún más miedo que el soldado

            que  le  espera  a  pie  firme,  porque  no  es  una  fiera


            sanguinaria  sino  un  herbívoro  al  que  adiestramos  y

            forzamos para que en vez de huir, que es su impulso

            natural,  galope  contra  los  mismos  enemigos  que


            quieren matarlo. Y por mucho que le obliguemos, hay

            algo que un caballo no hará nunca por propia voluntad,


            y es lanzarse de cabeza contra una pared, sea de sillares

            de piedra o de escudos de roble.


                  —Entonces, ¿qué pasó en Tegea? ¿Cómo rompisteis

            la línea de los espartanos?


                  Pérdicas sonrió de medio lado. Aquella batalla tan


            reciente  (poco  más  de  un  año  había  pasado)  le  traía

            recuerdos agridulces. Los griegos se habían sublevado,


            él  no  había  conseguido  dominar  la  rebelión  con  las

            tropas de que disponía en Macedonia y además había

            sufrido  un  par  de  reveses  en  Tanagra  y  el  cabo


            Artemisio.  En  vista  de  lo  apurado  de  la  situación,

            Crátero había acudido desde Babilonia con refuerzos,


            y  también  con  una  orden  escrita  y  sellada  por

            Alejandro en la que lo nombraba general en jefe para

            esa  campaña.  Teniendo  en  cuenta  que  Pérdicas  era


            regente de Macedonia y que, en teoría, le correspondía

            a él encargarse de los asuntos griegos, aquello podía

            considerarse  un  menosprecio,  pero  no  había  tenido


            más  remedio  que  aguantarlo  por  culpa  de  sus  dos



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