Page 400 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 400
descalabros anteriores.
Crátero había dirigido el combate como a él le
gustaba, desplazándose a caballo por todo el frente. De
este modo se mostraba siempre a la vista de los
soldados para infundirles valor, podía dar
instrucciones a los capitanes y a los generales y de paso
vigilar las evoluciones del enemigo. Pero nunca se
ponía en primera línea de ninguna formación. Pérdicas
sabía que no era por miedo, pues entre los muchos
defectos de Crátero (prepotencia, soberbia, desaliño,
incultura) no se hallaba el de la cobardía, sino porque
le gustaba controlar en lo posible todos los factores de
la batalla y no perder la visión de conjunto. El caso era
que había dejado a Pérdicas al mando de los ocho
escuadrones de Compañeros que participaron en la
batalla y, por azar, eso le había brindado la
oportunidad de asestar el golpe definitivo.
Mientras se acercaban al pabellón de Alejandro, que
ya estaba a la vista, Pérdicas relató a su sobrino cómo
había sucedido todo. Era la segunda carga que dirigían
contra la muralla de escudos espartanos. La primera
había seguido el desarrollo habitual: los Compañeros
habían pasado del trote al galope a unos cuarenta pasos
de la línea enemiga, entre toques de trompetas y gritos
de eleleleleléu. Al ver que los espartanos no se
inmutaban, los macedonios habían frenado a sus
400

