Page 402 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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peonza y lanzó al escuadrón contra las líneas
espartanas.
El resto era historia. La legendaria infantería
espartana había sido derrotada por los Compañeros y
la rebelión de los griegos, aplastada.
—Pero eso fue un lance del combate, una casualidad
—concluyó Pérdicas—. No cuentes con que vuelva a
ocurrir. Por lo que sabemos, los romanos tienen una
infantería muy disciplinada y me temo que no les
impresionaremos ni aunque les lancemos una carga de
amazonas desnudas.
—Sería una buena idea —dijo el joven, con los ojos
iluminados ante aquella perspectiva.
Pérdicas le dejó pensando en ello y entró al pabellón
real. Sospechaba que Alejandro les había convocado
para confirmarles lo que todo el mundo rumoreaba en
el campamento: que en el mismo revés había perdido a
más de seiscientos soldados junto con una nave de
guerra que valía como una flota entera y a su esposa
siciliana. Y de paso, sospechaba Pérdicas, a Néstor. Que
se dedique a curarle los achaques a Nereo, se dijo sin la
menor compasión.
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