Page 404 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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humeaban día y noche, y los martillos repicaban sin
cesar desvelando el sueño de los vecinos y
recordándoles que se acercaba una batalla como Roma
no había presenciado hasta entonces.
Allí, en el campo de Marte, se presentó Gayo Julio
con su uniforme de tribuno y su vistoso paludamento
blanco. El dictador les había convocado a él y a
Escipión en la Villa Pública, cerca de la muralla. Los
sirvientes de la villa estaban atareados barriendo y
fregando el suelo y dando una capa de pintura nueva a
las paredes. Se había anunciado que en breves días
llegarían los embajadores de Alejandro, y había que
causarles buena impresión para que no creyesen que
Roma era un vulgar villorrio como las ciudades de los
samnitas.
Mientras esperaban en uno de los atrios, Escipión
palmeó la espalda de Gayo.
—Alegra esa cara, Gayo. Has hecho algo grande. —
Y añadió bajando la voz—: Ni siquiera ese oso gruñón
de Papirio puede objetarte nada. Es posible que recibas
una condecoración.
—Llevo ocho días en Roma, Gneo, y no se ha
dignado recibirme hasta ahora.
—El dictador es un hombre muy ocupado. Verás
cómo todo va bien.
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