Page 407 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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vino con agua. En aquel momento, aunque aún no era

            ni la hora tercia, tenía a su lado una mesita con una


            jarra de vino fresco y una copa de barro.


                  —Se presenta el tribuno Gayo Julio César, señor.


                  Papirio dio un trago y se limpió los labios con el

            dorso de la mano. Después agachó la barbilla y evaluó


            al joven tribuno a través de sus hirsutas cejas. Era la

            primera vez que ambos hablaban.


                  —Conocí a tu padre.


                  —Lo sé —dijo Gayo, mirándole sin pestañear.


                  —Numerio era un buen soldado y un buen romano,


            aunque  aquí  tu  pariente  Escipión  sabe  que  tuvimos

            discusiones muy fuertes en el Senado.


                  Gayo miró de reojo a su cuñado, pero éste no dijo


            nada. Como pretor también estaba bajo la autoridad de

            Papirio, aunque al no haber tanta diferencia de rango

            entre ellos su postura era más relajada.


                  —Sin duda los dos teníais vuestras razones, señor


            —dijo Gayo—. Como noble patricio, el único deseo de

            mi padre era la grandeza de nuestra república.


                  Papirio se puso en pie y se estiró la túnica. Era poco


            más alto que César, pero le doblaba en corpulencia. Se

            acercó  a  la  balaustrada  de  madera  que  rodeaba  el


            pórtico  y  apoyó  las  manos  en  ella,  haciéndola  crujir

            bajo su peso.


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