Page 409 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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manípulos, dejando otros dos vigilando la vía, nos
pusimos en marcha durante la noche y a la mañana del
día siguiente llegamos a las faldas del monte Circeo.
—¿Por qué no enviaste exploradores por delante en
vez de arriesgar tantas tropas?
—Habríamos perdido un tiempo precioso, señor. Al
tratarse de un solo barco, pensé que incluso en el peor
de los casos superaríamos a esos extranjeros en una
proporción de cuatro a uno y podríamos reducirlos sin
ningún problema.
—Pues te equivocaste, tribuno. Has sufrido casi
treinta bajas.
—Al acercarnos al mar —prosiguió Gayo, haciendo
caso omiso del reproche—, descubrimos que el barco
era tan grande como se nos había dicho. En vez de tres
o cuatro pelotones, como me esperaba, nos
encontramos con que había dos unidades enteras de
hoplitas armados con sarisas, y que también tenían
refuerzos de arqueros.
—¿Cuántos hombres tienen esas unidades?
—Unos doscientos cincuenta, señor.
—De modo que ya no los superabas en esa
proporción de cuatro a uno.
—Los arqueros no eran demasiado numerosos,
pero es cierto que ellos eran más que nosotros.
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