Page 410 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Entonces, ¿por qué no enviaste a pedir refuerzos?

            ¿Tantas ganas tenías de convertirte en general por un


            día, aunque fuera a costa de las vidas de tus hombres?


                  Gayo  pensó  que  era  una  desfachatez  que  alguien

            conocido  por  su  brutalidad  con  los  soldados  le


            reprochara eso.


                  —No,  señor.  Luego  supimos  que  su  barco  estaba

            muy dañado por la tormenta, pero en aquel momento

            temí que los macedonios pudieran escaparse. La nave


            era  cuatro  veces  más  larga  que  cualquier  barco  de

            guerra que haya visto en mi vida. Sólo por capturarla

            merecía la pena correr el riesgo.



                  —¿Con  qué  autoridad  te  permitiste  decidir  si

            merecía la pena o no?


                  Gayo  Julio  miró  a  los  ojos  a  Papirio,  que  le


            observaba con los brazos en jarras. El dictador estaba

            acostumbrado a intimidar a los demás con su estatura,

            pero con Gayo, que era casi tan alto como él, aquella


            táctica no funcionó.


                  —Con  la  que  me  otorgó  el  pueblo  de  Roma  al

            elegirme tribuno militar, señor. En aquel momento yo

            era la máxima autoridad presente y tenía que tomar


            una  decisión.  Observé  la  situación,  juzgué  las

            circunstancias y actué en consecuencia.


                  —Qué casualidad  que actuaras justo en el último




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