Page 487 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 487
pero sumamente útil. Usando una fibula y unas
horquillas de su esposa, no tardó en abrir el candado.
Como sospechaba, en el interior del cofre estaba ese
curioso libro de hojas de piel cosidas, junto a un par de
tinteros de estaño y varios cálamos. Gayo se sentó en
un taburete y empezó a pasar las hojas. Ya le había
parecido que aquella extraña escritura era en realidad
una forma de griego, y ahora lo comprobó. La primera
letra que le saltó a la vista fue la beta, y a partir de ella,
con cierto esfuerzo, fue reconociendo las demás y anotó
sus formas en un pizarrín de cera que había traído a tal
efecto. Después se enfrascó en la lectura, con la
tranquilidad de que su cuñado no traería a Néstor de
vuelta hasta después de la hora del prandium.
¡Qué mentula el médico! Así que entendía el latín.
Ahora comprendía Gayo la mirada tan intensa de
Néstor cuando parecía no escuchar ciertas
conversaciones entre él y sus soldados. Aquel diario
era un auténtico documento de espionaje. Gayo sonrió.
Ya no le parecía una violación tan terrible de las leyes
de hospitalidad entregar al médico en manos de los
cartagineses. Pero antes, él mismo averiguaría todo lo
posible sobre aquel fabuloso barco de Alejandro.
Néstor y Escipión dejaron atrás las tabernas de la
parte sur del Foro y pasaron frente al templo de Cástor,
un edificio que, encaramado sobre su zócalo y con los
487

