Page 488 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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laterales cerrados, ofrecía un aspecto tan hosco como la
mayoría de los templos de la ciudad. Enfrente se
hallaba la casa de Escipión, una domus el doble de
grande que la de los Julios. Las puertas estaban
abiertas. Tras pasar un breve recibidor llegaron al atrio,
más aireado y luminoso que el de la otra casa. El
impluvio estaba lleno hasta arriba de agua limpia que
traían con cántaros, mientras que en el fondo de la
alberca de Gayo se veía lodo y el agua, que sólo se
reponía con la lluvia, mostraba cierto tinte verdoso.
Néstor pensó que aquel orden y limpieza tenían que
ver con Julia; se veía a las claras que era una mujer
activa y con carácter. En cambio, a Valeria, la esposa de
Gayo, aún no la había visto salir de su alcoba, y la
madre sólo se dedicaba a salmodiar delante del larario
familiar.
Había esclavos de ambos sexos barriendo el polvo y
las hojas del suelo, pues el viento de aquel turbulento
verano arrastraba suciedad por todas partes. En varias
paredes se veían hermosos frescos con escenas de
cacerías y banquetes pintados al estilo griego, pero
unos albañiles estaban aplicando una capa de yeso
para taparlas.
—Sé que es una barbaridad —confesó el pretor al
ver el gesto de perplejidad de Néstor—. Pero con
Alejandro a las puertas de Campania corren malos
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