Page 489 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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tiempos para los amantes de lo helénico. — Frotándose
el mentón, añadió—: Incluso estoy pensando en volver
a dejarme barba.
—En realidad los auténticos griegos suelen llevarla
—dijo Néstor, rascándose sus propias mejillas. Por un
instante pensó si podía considerarse griego, si no sería
un celta, como creían los romanos, o un simple
apátrida.
—Ya. Sé que quienes se afeitan son los macedonios,
por imitar a Alejandro. Pero esas distinciones entre
griegos y macedonios son demasiado sutiles para los
electores de los comicios: para ellos, todos sois griegos.
Cuando tu rey salga de Italia con el rabo entre las
piernas, espero que vuelvan épocas mejores. Entonces
ordenaré a los albañiles que quiten de nuevo ese yeso.
—De paso arrancarán las pinturas que hay debajo.
—Si lo hacen, yo les arrancaré la piel —respondió
Escipión. Néstor le miró. El pretor sonreía, pero eso no
quería decir que hablara en broma.
Tras cruzar dos puertas de roble y un pasillo
llegaron a un segundo patio en el que crecían higueras
y manzanos. Giraron a la derecha por una porticada y
un sirviente apartó una cortina de tiras de lino para que
pudieran pasar a la alcoba de Nicómaco.
El dormitorio era más espacioso que los cubículos
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