Page 490 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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de la casa de Gayo Julio. Había una ventana tan ancha

            como una puerta; el postigo estaba abierto y la luz del


            exterior se colaba por la celosía. Pegada a la pared de la

            izquierda  había  una  cama  de  armazón  de  madera  y

            cabecero  de  cuero.  En  ella  reposaba  el  paciente  de


            Néstor, tapado con una manta de lana fina a pesar del

            calor.


                  Aunque  corría  algo  de  aire  entre  la  ventana  y  la


            cortina,  Néstor  percibió  enseguida  el  olor  de

            enfermedad  y  decrepitud  que  emanaba  de  aquel

            cuerpo. Nicómaco debía de tener unos setenta o setenta


            y  cinco  años.  Su  rostro  era  un  laberinto  de  arrugas,

            aunque  no  tan  marcadas  como  en  los  campesinos  y

            soldados que, tras pasar la vida al aire libre, mostraban


            surcos  profundos  como  sementeras.  Las  manos  que

            reposaban  en  la  manta  debieron  de  ser  finas  en


            tiempos; ahora tenía los nudillos hinchados y las uñas

            curvadas  y  abombadas  en  el  centro.  Si  su  pesado

            resollar  no  se  lo  hubiera  revelado,  aquellos  dedos


            hipocráticos  habrían  informado  a  Néstor  de  que

            Nicómaco  sufría  una  afección  respiratoria  o  de


            corazón.


                  La mirada de Néstor barrió la habitación. La pared

            de la derecha estaba llena de anaqueles sobre los que

            descansaban rollos de papiro marcados con etiquetas


            de  colores.  Bajo  la  ventana  había  un  gran  arcón  de



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