Page 491 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 491

madera con bollones de madera y una sólida cerradura.


                  —He  soñado  contigo  —dijo  Nicómaco  con  voz

            ronca.



                  Había un taburete plegable con patas de bronce al

            lado de la cama. Néstor se sentó en él, aunque era tan

            bajo  que  las  rodillas  le  quedaban  dobladas  como  las


            patas de una mantis, y observó al viejo. Tenía los rasgos

            afilados, la piel translúcida y los labios azulados bajo la

            barba blanca. Sus pupilas debieron de ser penetrantes


            en  su  día,  pero  ahora  se  veían  algo  veladas.  Néstor

            calculó que, si vivía el tiempo suficiente, Nicómaco se

            quedaría ciego en dos o tres años.



                  —¿Reconoces mi cara?


                  —La veo borrosa, pero es la misma de mi sueño. Por

            desgracia, las letras ya no las distingo — respondió el


            viejo, y sufrió un ataque de tos.


                  —No hables. Es mejor que contestes sólo a lo que te

            pregunte. Cuando dejó de toser, Nicómaco sonrió.


                  —Mi  padre  era médico,  como  tú. Decía: «Ante el

            médico, hasta el altivo Aquiles debe callar».



                  —Los libros son importantes para ti —dijo Néstor,

            dirigiendo una mirada fugaz a los estantes.


                  —Leer  y  escribir...  —La  aspiración  del  verbo


            graphein le provocó un nuevo ataque de tos. A partir

            de  ese  momento  pronunció  las  consonantes


                                                              491
   486   487   488   489   490   491   492   493   494   495   496