Page 589 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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desgracia, al hacerlo derramó tinta sobre unas
proyecciones de dodecaedros que había estado
dibujando para un estudio de esgrima. Euctemón
montó en cólera y, cuando se enteró de que el culpable
era Melantio, fue a buscarlo a su tienda y lo sacó de ella
arrastrándolo de los pelos. Ante el asombro de los
demás, le juntó ambas muñecas haciendo tenaza con
los dedos de su mano derecha y, una vez inmovilizado,
le machacó a conciencia con la zurda. Cuando
acudieron a separarlos, Melantio tenía la oreja rajada
como una alcachofa. Desde entonces, a nadie se le
ocurrió volver a tocar los bártulos de Euctemón.
Cuando Melantio se quejó a Gorgo (la mujer) y le
pidió que castigara al ateniense, ella se rió en su cara.
—La culpa es tuya, por imbécil. Tienes suerte de
haber dado con ese boquerón. Si se te llega a ocurrir
revolver mis cosas, te corto las pelotas.
Demetrio había observado que la combinación de
cortar pelotas con los pronombres te/os era una de las
favoritas de Gorgo. Bien lo sabía Cérdidas, que
después de aquella patada seguía juntando las rodillas
cada vez que se cruzaba con ella.
—¿Alguna vez ha cumplido su amenaza? —le
preguntó Demetrio a Filo, el soldado aficionado a
mascar almáciga que los había recibido en la tienda el
primer día.
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