Page 592 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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sobre la marcha.
Filo siguió su narración. La caballería hizo una
salida para ahuyentar a los atacantes. En ese momento,
por la parte sur del campamento, que bordeaba con
unas marismas, apareció una horda de escitas a pie,
como fantasmas surgidos del pantano. Los
Agriopaides tuvieron que formar a toda prisa para
afrontar la amenaza, pues los bárbaros arremetieron
directamente contra su sector. Leónato, que se había
convertido en jefe de las tres compañías, se desgañitaba
para hacer oír sus órdenes cuando, ante el asombro de
todos, apareció Gorgo, con su peto de cuero y placas
doradas y su inconfundible yelmo de cabeza de jabalí.
Los hombres creyeron que era un milagro y formaron
junto a él. Gorgo combatió con la misma fiereza de
siempre y, al ver que un gigantesco escita estaba
sembrando el pavor con una maza plagada de pinchos,
dio un paso adelante y lo ensartó con su lanza. Aquello
desanimó a los bárbaros, que se retiraron hacia el
pantano en desorden, y los Agriopaides abatieron en la
persecución a más de cien.
Tras la confusión del combate, Gorgo desapareció.
Cuando fueron a buscarlo a su tienda, estaba tendido
en la cama, mirándolos con una débil sonrisa y tan
paralítico como antes. Los demás pensaron que algún
héroe muerto o incluso uno de los grandes dioses debía
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