Page 590 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—¡Vaya que sí!
Filo les contó lo sucedido en una batalla en la que
los Agriopaides tuvieron que luchar como caballería
improvisada sobre unas monturas que le habían
robado al enemigo, equinos con poca más alzada que
burros domésticos. En la refriega, dos guerreros
isedones descubrieron que Gorgo era una mujer y
tuvieron la malhadada ocurrencia de llevársela tras
unos espinos para violarla y luego matarla. Su error fue
no actuar en el orden inverso. Mientras uno de ellos la
agarraba por el pelo y le ponía un cuchillo en la
garganta, el otro le levantó el faldar, le separó las
piernas y se bajó los pantalones. Gorgo se las arregló
para quitarle al primero el puñal y clavárselo en un ojo;
después inmovilizó al otro apretando los muslos, se
revolvió hasta quedar sentada sobre él, lo castró de un
solo tajo y lo dejó desangrarse. Desde entonces
guardaba los genitales del nómada como talismán.
—¿Los suele llevar encima? —preguntó Demetrio.
—Sólo cuando se pone la armadura.
Euctemón emitió un ruido que sonó como el
rechinar de una puerta desengrasada.
—Eso es su risa —explicó Demetrio, al ver el gesto
de perplejidad de Filo.
Fue Filo quien les explicó que Gorgo era el nombre
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