Page 591 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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que usaban a la vez el hombre lisiado y su concubina.

            En realidad, el de ella era Mirtile, pero les recomendó


            que  no  lo  utilizaran  delante  de  ella,  y  les  contó  la

            historia.


                  Después  de  la  batalla  del  lago  Meotis,  cuando


            Gorgo quedó paralítico, sus hombres pensaron que no

            tardaría en morir, convertido en una masa de llagas y

            escaras  y  comido  por  las  moscas.  Pero  Mirtile  se


            empeñó en lo contrario. Todos los días lo lavaba dos

            veces y lo trasladaba del asiento a la cama y de la cama

            al  asiento.  También  lo  sacaba  de  la  tienda  para  que


            tomara  el  aire;  pero  sólo  de  noche,  pues  al  antiguo

            capitán no le gustaba que los demás lo vieran en aquel

            estado.



                  —Dos  meses  después  de  la  batalla,  en  pleno

            invierno, sufrimos un ataque nocturno —les contó Filo.

            Varios soldados ociosos se acercaron a escuchar, pues


            por  consabida  que  fuese  aquella  historia  siempre  les

            interesaba—.  Salimos  zumbando  de  las  tiendas,


            armándonos a toda prisa y poniéndonos las botas a la

            pata  coja  mientras  nubes  de  flechas  incendiarias

            volaban sobre nuestras cabezas.


                  Brásidas,  el  más  veterano  del  pelotón,  soltó  un


            gruñido de aprobación. Filo sabía sazonar con detalles

            interesantes  los  relatos,  aunque  Demetrio  se

            preguntaba  cuáles  eran  ciertos  y  cuáles  se  inventaba



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