Page 595 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—¿Sabe  Alejandro  que  hay  una  mujer  en  esta

            compañía?


                  —Creo que sí, pero nunca ha dicho nada.



                  Luego  descubriría  Demetrio  que  el  repentino

            interés de Euctemón por la esgrima tenía que ver con

            impresionar  a  Gorgo/Mirtile,  pero  al  principio  creyó


            que  era  puro  empecinamiento,  otra  obsesión  de  las

            suyas.  El  mismo  día  que  supieron  que  se  subía  el

            premio,  muchos  de  los  Agriopaides,  a  falta  de  algo


            mejor que hacer, empezaron a batirse con espadas de

            madera de cornejo y escudos, tal como establecían las

            normas del concurso.



                  —Es una lástima —comentó Demetrio, después de

            probar  un  rato  y  cerciorarse  de  que  él  nunca  sería

            campeón de espada.



                  —¿Por qué? —le preguntó su hermano.


                  —Con  ese  premio  saldríamos  de  la  ruina  y  nos

            largaríamos  de  aquí.  No  tengo  alma  de  soldado,

            Euctemón. Pero precisamente por eso no puedo ganar


            y no me queda más remedio que seguir siendo soldado.


                  —No  es  tan  difícil  —respondió  Euctemón,  sin

            apartar la vista de Cérdidas y el hoplita con el que se


            batía.


                  —¿Que no?


                  Por una rara vez, los ojos de Euctemón no bailaban


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