Page 596 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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inquietos,  sino  que  estaban  clavados,  sin  apenas

            pestañear, en el duelo. Cuando el soldado que ejercía


            de árbitro decretó que Cérdidas había tocado tres veces

            a su rival en puntos vitales y, por tanto, había vencido,

            Euctemón  se  acercó  al  grupo  arrastrando  los  pies  y


            extendió la mano izquierda para pedir una espada. Filo

            se la prestó, y también el escudo.


                  —¿Quieres                 pelear?            —preguntó                  Euctemón,


            señalando a Cérdidas.


                  Para entonces, los demás ya empezaban a conocerle

            lo  bastante  para  saber  que  no  intentaba  provocar  a

            nadie, sino que era su manera de pedir las cosas.



                  —Claro —respondió Cérdidas, luciendo sus dientes

            alineados  y  blancos,  y  golpeó  con  la  espada  en  el

            escudo para intimidar a su nuevo rival.



                  Demetrio se cruzó de brazos y aguardó. No era la

            primera vez que su hermano le sorprendía. ¿Por qué

            habría dicho ahora que no era tan difícil batirse con la


            espada?


                  Cérdidas  empezó  a  girar  alrededor  de  su  rival,

            mientras  que  Euctemón  se  mantenía  en  el  sitio,

            desplazándose  tan  sólo  con  los  talones.  En  el  duelo


            entre Filo y el tarentino, ambos habían entrechocado

            las  espadas  muchas  veces.  Ahora,  sin  embargo,  lo


            único que hacía Euctemón era extender la punta de su




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