Page 597 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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arma para mantener a raya a Cérdidas y aguardar. Al
verlo en esa postura, Demetrio se dio cuenta de que los
brazos de su hermano eran aún más largos de lo que
creía. Su envergadura podía ser una ventaja. Por fin,
Cérdidas se aburrió y se arriesgó a atacar. Euctemón
intentó bloquear su estocada, pero lo hizo con la falta
de coordinación de un bebé que aprende a caminar, y
el tarentino no tuvo problema en golpearle en el cuello
y marcarle con un buen rasponazo. Se había reunido
un corrillo alrededor, y todos prorrumpieron en
carcajadas. Demetrio se sonrojó de vergüenza ajena,
pensando que su hermano parecía un espantapájaros.
Cérdidas se divirtió un rato a costa de Euctemón,
amagando con atacarle, retirándose y luego girando
para ponerse detrás de él y propinarle cintarazos en el
cogote o en el trasero. Por fin, entre la hilaridad general,
el árbitro dio por perdedor a Euctemón, que tuvo que
entregar a otro la espada y el escudo. Demetrio, rojo
como la púrpura, cogió a su hermano del brazo y trató
de alejarlo de allí. Pero Euctemón se lo quitó de encima
y se sentó en una piedra a pocos pasos para observar el
siguiente duelo.
—¿Vas a seguir haciendo el ridículo? —preguntó
Demetrio.
—No es tan difícil —insistió su hermano.
Euctemón se quedó contemplando los combates el
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