Page 598 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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resto del día, pero se abstuvo de participar. Después, al
atardecer, sacó de su petate un políptico de cera que le
había regalado Alejandro y, con un punzón de marfil,
empezó a dibujar figuras humanas. Lo hacía con
soltura y de forma muy esquemática, usando óvalos
para el cuerpo y la cabeza, líneas quebradas para las
piernas y los brazos, un círculo para el escudo y una
recta para la espada, y rodeando las figuras con una
especie de rosa de los vientos.
—¿Qué estás haciendo? —le preguntó Demetrio.
—Todo en el mundo es geometría y la espada es una
cosa del mundo así que también es geometría —
contestó él.
Siguió así unos cuantos días, como cuando se había
dedicado a calcular la órbita del cometa. La diferencia
era que ahora conjugaba los cálculos y dibujos con el
ejercicio. De vez en cuando se levantaba y, con una
espada tallada por él mismo, cinco dedos más larga que
las demás, adoptaba las posiciones de defensa que
había dibujado y después trazaba en el aire los
movimientos una y otra vez. Al principio lo hacía con
su desmaña habitual, pero poco a poco su mente
obsesiva consiguió disciplinar a su cuerpo. No podía
decirse que se moviera con gracia, pero al menos lo
hacía con rapidez y contundencia, y ya no parecía que
fuera a desmadejarse de un momento a otro.
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