Page 600 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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sus labios. Tuvo que hacer un esfuerzo para recordar
que era una guerrera tan temible como Atalanta y
Pentesilea juntas.
—Tú deberías entenderlo mejor que nadie.
—¿Por qué?
—Tú le cuidas a él —dijo Demetrio, señalando con
la barbilla hacia la tienda que compartían Gorgo varón
y Gorgo hembra.
—Es mi hombre. Es mi responsabilidad.
—La mía es Euctemón.
Ella le pasó una bota de vino, y Demetrio dio un
buen trago. El mes de gorpieo se acercaba a su fin, y las
noches eran cada vez más largas y más frescas. Por
primera vez en muchos días, el joven ateniense pensó
que no se estaba tan mal en aquel lugar. Durante un
rato ambos guardaron silencio, viendo cómo Euctemón
repetía sus movimientos: estocada, parada, estocada,
finta con el escudo, estocada, finta, parada...
–Es así con todo —dijo Demetrio por fin—. Aunque
es la primera vez que le veo obsesionarse con algo que
implique actividad física.
Siguieron bebiendo y charlando, cada vez más
relajados por el vino, mientras Euctemón seguía
inagotable con su espada. Poco a poco las luces de las
lámparas y las hogueras se apagaron, y el campamento
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