Page 601 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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se quedó en silencio. El cometa seguía su viaje por el

            hemisferio  sur  del  firmamento  y  la  luna  menguante


            aún tardaría horas en salir. Las constelaciones reinaban

            a su placer en un cielo límpido en el que la Vía Láctea

            destacaba como un cinturón de plata. Un bólido cruzó


            sobre  Casiopea  y  durante  unos  segundos  dejó  una

            larga estela, como un barco solitario surcando el mar


            de estrellas.


                  Demetrio, a quien se le había soltado la lengua, le

            contó  a  Gorgo  la  historia  de  Nicerato;  cómo  su

            hermano lo había defendido de niño y por qué desde


            entonces  él  hacía  todo  lo  posible  por  protegerlo.

            Empezaba  a  notarse  el  relente.  Gorgo  se  arrimó  a  él

            buscando su calor. La tibieza de su pierna pegada a la


            de  Demetrio  era  agradable,  y  el  joven  no  rehuyó  el

            contacto. Pasado otro rato de silencio, ella le puso la


            mano sobre la rodilla y le miró a los ojos.


                  —Supongo que te dirán a menudo que eres un chico

            muy guapo —le dijo con la voz algo pastosa. Demetrio


            soltó una carcajada. —Muchos hombres —respondió.


                  —¿Te gusta que te lo digan?


                  —Me gusta más que me lo digas tú.


                  —Puedo decírtelo a solas.


                  —¿Y él?


                  —A él no le importa. Le amo y le respeto, pero...



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