Page 602 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 602
—Me refiero a él.
Gorgo se volvió hacia Euctemón, que había
abandonado su esgrima por un momento para
acercarse a ellos. La mujer soltó una risita, pero se
apartó. Aunque la noche era oscura y apenas distinguía
los rasgos de su hermano, Demetrio sabía que tenía los
ojos clavados en ellos.
—¿Pasa algo, Eute?
—El nombre es Euctemón —respondió él. Demetrio
comprendió que no le había hecho gracia que utilizara
el diminutivo delante de Gorgo.
—Me voy a acostar —dijo, poniéndose de pie.
—Es tarde ya y es buena hora para acostarse —
repuso su hermano.
Gorgo se acercó a Demetrio y le susurró:
—Por Príapo, ¿tienes que hacer lo que te diga él?
—Está claro que no se acostará hasta que lo haga yo.
—Porque le gustas y no me quiere dejar a solas contigo,
añadió para sí. Sólo entonces se dio cuenta de cuánto
había bebido y se agarró al brazo de Gorgo para no
caerse. Su piel era tan suave, su carne tan tibia, hacía
tanto tiempo que no sentía un contacto tan placentero...
—Es buena hora para acostarse —repitió Euctemón,
metiendo la cabeza entre los rostros de ambos como un
602

