Page 604 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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además en una unidad de castigo por culpa de su
hermano. Pero ¿es que ni siquiera le iba a dejar darse
un revolcón?
Le sobresaltó un silbido que sonó junto a su cabeza,
fuera de la tienda. Se había quedado adormilado, pero
en estado de alerta, como en la víspera de una batalla.
Se giró hacia su hermano y escuchó. Su respiración era
profunda, y como dormía boca arriba se le escapaba
algún ronquido ocasional. Demetrio se levantó muy
despacio. Aún seguía mareado, así que gateó con
mucho cuidado por el estrecho pasillo que quedaba
entre los pies de sus compañeros de tienda.
Salió descalzo al exterior. Al mirar hacia el este vio
que el estrecho gajo de la luna menguante se estaba
levantando sobre la oscura silueta de los montes. Era
muy tarde. ¿Qué estaba haciendo ahí a esas horas?
Cuando volvió a sonar aquel silbido y comprobó que,
efectivamente, era un pájaro, se dijo a sí mismo: El
ridículo. No tenía otro nombre. Lo único sensato era
volver a entrar a la tienda.
Y eso fue lo que hizo, sólo que, por increíble que le
pareciera a él mismo, no se dirigió a la suya, sino al
pabellón del oficial del pelotón. Al menos, tras apartar
la cortina, recordó que tenía que pasar a la derecha de
la mampara de mimbre, pues a la izquierda dormía el
auténtico Gorgo. ¿Compartirían aún el lecho?
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