Page 605 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Al cerrarse la cortina tras él, se encontró en medio

            de una oscuridad  total. Bajo sus pies notaba el tacto


            aterciopelado  de  una  alfombra,  pero  no  se  atrevió  a

            seguir  más  adelante;  bastante  locura  había  cometido

            entrando  allí  para  hacerlo  además  como  una  vaca


            suelta en una alfarería.


                  Oyó una respiración a su espalda, y antes de que

            pudiera reaccionar sintió algo frío que se apoyaba en


            su garganta. Era el filo de un cuchillo. Demetrio tragó

            saliva,  mientras  una  mano  le  palpaba  el  cuerpo  y

            bajaba por su vientre hasta cerrarse sobre su miembro.


                  —¿Quieres  que  te  las  corte?  —susurró  la  voz  de


            Gorgo en su oído.


                  —No —respondió él, aterrorizado.


                  —Sería un trofeo más...


                  Ella le dio la vuelta sin contemplaciones, y ambos se


            quedaron de frente, sintiendo la cercanía del otro en la

            oscuridad. El aliento de Gorgo era tibio y olia a vino

            especiado,  pero  el  puñal,  ahora  en  su  nuca,  seguía


            siendo gélido. Se oyó el frufrú de algo que caía al suelo.

            La mujer se pegó aún más a Demetrio. Eran las horas

            más frías de la noche, y a través del lino de su túnica el


            joven notó el temblor del cuerpo desnudo de Gorgo.

            Sin dejar de estremecerse, ella le besó con codicia. Pero


            aún tardó un rato en apartar el cuchillo de su cuello.




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