Page 639 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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cuerpo. Concibió entonces la esperanza de seguir vivo,

            no porque tuviera un gran temor a la muerte, que en su


            Fedón había descrito como una liberación, sino porque

            aún le quedaba un ingente trabajo por terminar.


                  Sobrevoló la Academia y la ciudad de Atenas. Era


            ya de noche, y él veía las estrellas de colores diáfanos,

            como si le hubieran retirado un velo del interior de los

            ojos;  o  más  bien,  comprendió,  porque  las  estaba


            contemplando  con  los  ojos  del  alma.  El  viento  lo

            arrastró  cada  vez  a  mayor  velocidad,  primero  hacia

            poniente  y  luego  hacia  el  norte.  Debajo,  la  tierra  era


            negra  como  la  pez  y  se  confundía  con  las  aguas.

            Empezó a oír gemidos y susurros a su alrededor, y vio

            que junto a él viajaban otros espíritus como el suyo,


            cada vez más numerosos. Sobre todos ellos volaba una

            sombra mayor, oscura y poderosa, con mirada de hielo,


            y  cuando  algún  espíritu  trataba  de  abandonar  el

            sendero lo devolvía al redil con su negro bastón. Platón

            pensó  que  aquel  debía  ser  el  propio  Hermes


            Psicopompo, escolta de las almas de los difuntos.


                  Llegaron a una vasta pradera rodeada de oscuridad

            por todas partes, donde los abandonó el Psicopompo.


            Allí podía verse la tenebrosa boca de una caverna que

            parecía taladrar el suelo; pero, al acercarse más, Platón

            se dio cuenta de que estaba suspendida en el aire, como


            una puerta hacia la nada. Sobre ella flotaba una gran



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