Page 643 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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tiranos, los cobardes, los perjuros y los corruptos. Pero

            aunque los espíritus de los recién llegados intentaron


            hablar  con  él  durante  siete  días,  ni  en  setenta  veces

            setenta años habrían encontrado palabras para narrar

            sus  experiencias,  y  no  llegó  a  saber  quiénes  eran


            aquellos personajes.


                  Pasados esos siete días, los jueces hicieron retemblar

            el  suelo  con  sus  bastones  y  dijeron:  —¡Marchaos  de


            aquí!  Ahora  vuestro  destino  ya  no  está  en  nuestras

            manos, sino en las de las Moiras inflexibles.


                  Así pues, las almas partieron de nuevo navegando

            en dos corrientes, la de los espíritus de luz pura que


            tintineaban como un arroyo de aguas transparentes y

            la de las almas torturadas que fluían como un río de


            lava enfangada que cruje y se resquebraja al avanzar.

            Entre ambas corrientes viajaba Platón.


                  Tras  cuatro  días  de  camino,  llegaron  a  un  lugar


            desde el que contemplaron una inmensa columna de

            luz, más pura y brillante que la del arco iris, que se

            levantaba desde la tierra hasta perderse en las alturas


            del cielo. Allí, los dos ríos de almas fluyeron hacia las

            alturas,  uno  a  cada  lado  del  pilar  luminoso.

            Comprendió entonces Platón que esa columna era el


            mismísimo eje del firmamento que perforaba la Tierra

            de parte a parte y se prolongaba por arriba y por abajo,

            atravesando  las  esferas  de  cristal  de  los  cuerpos



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