Page 642 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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habían  contemplado  en  mundos  más  allá  de  la

            imaginación. Esas almas que debían haber pasado mil


            años en los cielos intentaban contar sus experiencias,

            pero no existían palabras para ellas en ningún idioma

            humano  y  tenían  que  inventarlas;  y  aunque  su


            murmullo  de  plata  era  incomprensible  y  alienígena

            para Platón, la belleza de sus voces hacía vibrar su alma


            con  una  armonía  que  durante  el  resto  de  su  vida  le

            haría llorar cuando intentara recordarla.


                  Pero  por  el  pozo  oscuro  asomaban  almas  sucias,

            deformes. Parecían cuerpos vueltos del revés, con las


            vísceras colgadas en ángulos imposibles. Eran espíritus

            que habían sufrido en lugares inhóspitos donde la luz

            estaba compuesta de agujas que taladraban los ojos, los


            sonidos eran esquirlas de metal y arena fundida, el aire

            era  una  masa  pesada  y  nauseabunda  de  vapores


            amarillos  que  abrasaban  al  respirar.  Esas  almas

            también intentaban expresar las torturas sin cuento que

            habían sufrido durante mil años, y sus voces eran un


            coro  de  grillos  de  hierro  rayando  con  sus  patas  una

            inmensa pizarra.


                  Platón quería creer que las almas que descendían de


            la  luz  inefable  habían  sido  recompensadas  por  sus

            buenas acciones en vida, por su heroísmo defendiendo

            a su polis o por su nobleza persiguiendo la sabiduría.


            También  quiso  pensar  que  los  torturados  eran  los



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