Page 647 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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futuro,  sino  vuestra  elección  y  el  azar.  La

            responsabilidad es vuestra.


                  Cuando los ojos terribles de las Moiras terminaron


            de borrarlo todo, luces y sombras, el río se convirtió en

            una  corriente  formada  por  innumerables  hilos  de


            cristal transparente. Sólo entonces se detuvo en su giro,

            y enseguida empezó a fluir en sentido contrario y se

            hundió en un veloz remolino, como agua tragada por


            un sumidero. Pero el espíritu de Platón se quedó allí,

            flotando  unos  instantes  más  en  la  cima  del  Cosmos.

            Entonces los ojos de Atropo se posaron en él con su luz


            lancinante.  Bajo  su  mirada,  Platón sintió  un  frío  que

            ningún cuerpo mortal podría haber experimentado, y

            una  desnudez  terrible,  porque  no  tenía  manos  para


            cubrirse las vergüenzas. Los ojos de la Moira veían su

            interior  y  a  través  de  ellos  también  lo  contemplaba


            Platón. De repente, todas las grandezas y virtudes de

            su alma se le aparecieron pequeñas y miserables, pues

            detrás  de  cada  una  de  ellas  se  escondía  un  motivo


            mezquino, egoísta o simplemente grotesco.


                  Has contemplado lo que no debías ver, mortal. Vive

            recordando  y  temiendo.  Cuando  se  cumpla  un  gran


            ciclo, volverás ante los jueces y recibirás la justicia que

            te corresponde.


                  Platón sintió un instante de terror indescriptible, y

            fue entonces cuando, según comprendió Aristóteles al



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