Page 646 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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un gusano, brotaba una trenza formada por millones
de esférulas de colores que se retorcía en el aire. La
segunda criatura usaba sus miles de patas para girar
aquella trenza, retorcerla y dibujar con ella lazos y
formas geométricas. Y de pronto la tercera se
condensaba en la forma de un cangrejo monstruoso y
con su pinza gigante la cortaba. Platón comprendió que
estaba ante Cloto, Láquesis y Atropo, las tres Moiras, y
que aquel lugar era el Templo del Destino.
Mientras sus manos infinitas se dedicaban a trenzar,
medir y cortar, los ojos de las Moiras, globos blancos e
inexpresivos, barrían con haces de luz el río de los
muertos. Debajo de su luz gélida, el vórtice iba
perdiendo sus colores, tanto los brillos inefables de las
almas bienaventuradas como la oscuridad y la mugre
de los torturados. Platón comprendió que aquella
corriente formada por los propios espíritus era el Leteo,
el Río del Olvido, y que era la mirada de las diosas del
destino la que arrebataba a las almas la memoria de sus
vidas pasadas, de sus recompensas y de sus castigos.
Ahora volved a la vida libres de recuerdos,
cantaban las Moiras en turbadores intervalos de quinta,
pues nadie debe revelar lo que ha visto en dimensiones
que no le pertenecen. Vais a comenzar una nueva
carrera mortal en un cuerpo portador de la muerte. No
seremos nosotras ni ningún dios quien elija vuestro
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